El Duelo

El Duelo

¿QUÉ ES EL DUELO?

El duelo es la respuesta natural y saludable ante la pérdida. Es una experiencia común a todas las personas.
Sin embargo, por desinformación tratamos de evitarlo, sin darnos cuenta que de este modo le estamos dando la espalda a la ayuda que él mismo nos ofrece, y así, prolongamos el dolor.
Duelo no solo implica Dolor, también significa Desafío. El desafío de encontrar nuevos caminos para poder ajustarnos a un mundo que ha cambiado para siempre. Y, fundamentalmente, el desafío de crecer a través de la pérdida.

Duración

Predecir cuánto tiempo nos llevará superar una pérdida es difícil. Algunos podrán hacerlo en meses, otros requerirán años. El conocido mito de que "el tiempo lo cura todo" afecta la evolución del duelo. Supone que el dolor disminuirá con el paso de los días. No obstante, en el duelo, este no suele ser el caso. Por el contrario, a medida que van pasando los días el dolor se va agudizando. Habitualmente la duración mínima es de un año, el período mínimo necesario para vivir las fechas especiales sin la persona amada. Es importante no confundir la duración del duelo con el grado de amor. Menor tiempo transcurrido no significa querer menos a la persona que se ha ido, así como un mayor tiempo no significa querer más.

Decimos que un "duelo está resuelto" cuando:

* Podemos recordar a quien perdimos sin sentir tanto dolor
* Hemos aprendido a vivir sin él o ella
* Podemos generar nuevos proyectos y mirar al futuro, sin olvidar el pasado.


  • EL TRABAJO DEL DUELO

    El Duelo implica un gran esfuerzo, no es pues un fenómeno pasivo. Hay varias tareas que deben emprenderse y el deudo participa intensa y activamente en cada una de ellas. Algunas personas se ven tentadas a dejar de lado esta etapa, pero si el dolor no se trabaja de alguna manera, no se expresa, lejos de disiparse, se enquista y se manifiesta a través del cuerpo. Para vivir el duelo de manera saludable, no basta con esperar a que todo pase, es preciso dar algunos difíciles pasos.
    El trabajo del duelo implica fundamentalmente:


    Aceptar la realidad de la pérdida

    Esta tarea puede resultar especialmente difícil si la muerte fue inesperada o violenta, si nos encontrábamos lejos cuando ocurrió o no pudimos participar en los ritos funerarios.
    Naturalmente nos resistimos a la hora de aceptar que nuestro ser querido ya no está y que no va a regresar, pero dado que no es posible elaborar un duelo que nunca comenzó, primero debemos aceptar el hecho de que se produjo la muerte. Para esto, ayudará hablar de la pérdida, ver el cuerpo del ser querido en el velatorio y visitar el cementerio.
    Usted sabrá que ha podido dar este paso cuando pierda toda esperanza de recuperar a su ser querido.

    Expresar nuestro dolor

    Luego de haber aceptado la realidad de la pérdida se experimenta un dolor sumamente intenso, tanto físico como emocional. Es muy frecuente que este momento coincida con la disminución del apoyo de familiares y amigos. Las altas expectativas tanto propias como de los demás, pueden hacerle sentir la obligación de contener su dolor. Sin embargo, sólo podrá seguir adelante si logra identificar y expresar, de manera apropiada, los sentimientos relacionados con la pérdida y todas las emociones que lo acompañan: tristeza, ansiedad, rabia, miedo, culpa...

    Aprender a vivir sin la persona fallecida

    Perder un ser querido puede implicar muchos cambios en la vida de una persona. Hacer el duelo significa también aprender a vivir sin la persona amada, aprender a tomar decisiones por uno mismo, a desempeñar tareas que antes hacía el fallecido y desarrollar nuevas formas de relacionarse con familiares y amigos.

    Reubicar emocionalmente a la persona fallecida y encontrarle sentido a la nueva vida

    A medida que avancemos en el trabajo del duelo, tendremos que desprendernos finalmente de nuestro apego a la persona fallecida, pero podemos conservar nuestro amor por ella, que vivirá por siempre en nuestro corazón.
    Esto implica establecer un cambio en la relación, de física a simbólica y mantener vivo ese amor. Esta tarea supone algo más que adaptarse, supone recuperar nuestro sentido de la vida y la confianza en el mundo; no temer a nuevas pérdidas e implicarse en nuevas relaciones.


  • REACCIONES FRECUENTES

    Recuerde que estos sentimientos son normales y pasajeros e irán disminuyendo a medida que avance en el trabajo de duelo. De no ser así es recomendable consultar a un profesional.


    ¿Qué sentimientos pueden aparecer?

    Anestesia emocional. Sobre todo en los primeros momentos, cuando nada parece real, es normal que usted piense y actúe como si su ser querido continuara vivo. En realidad el dolor es tan fuerte que el organismo puede "anestesiar" de forma transitoria el sufrimiento, posponiendo el despertar doloroso para después.
    Enojo. Forma parte del duelo y no debemos luchar contra él. Irá disminuyendo gradualmente. Es común enojarse con los médicos por no haber hecho algo para evitar la muerte, con Dios y el destino, y también con el mismo ser amado, por sentirnos abandonados.
    Cambios bruscos de humor. Puede estar tranquilo y de repente estallar en un ataque de ira o llanto sin motivo aparente. Un día estará bien y al día siguiente mal. Esto es conocido como "fenómeno de la montaña rusa del duelo".
    Tristeza. Es el sentimiento más común. Suele manifestarse mediante el llanto, pero no siempre es así. No llorar no significa no sentir tristeza, ya que el llanto no es la medida de nuestro amor. Algunas personas la expresan con aislamiento, apatía o enojo. Los niños suelen expresar su tristeza con un comportamiento irritable.
    Miedo. Puede manifestarse desde un ligero temor hasta un permanente estado de alerta. Es muy normal experimentar miedo y preocupación por su futuro, por la salud propia y de otros seres queridos.
    Autorreproches. Es habitual sentir culpa por asuntos que han quedado pendientes, por cosas no hechas o dichas, por no haber hecho más de lo que se hizo o por no haber muerto en su lugar.
    Soledad. El deseo de seguir compartiendo las situaciones más cotidianas, sumado, muchas veces, a la sensación de falta de comprensión del resto, hace que nos sintamos solos y con la sensación de que el mundo se hubiera acabado tras la pérdida.
    Alivio. Cuando la persona fallecida pasó por un proceso largo y doloroso, o cuando se tratá de una relación conflictiva, es frecuente experimentar cierto alivio tras la pérdida, muchas veces acompañado con sensación de culpa.
    Alucinaciones e ilusiones. No es extraño tener la sensación de ver a la persona fallecida entre la gente, sentir su presencia o escuchar su voz. A veces esto produce miedo y confusión. Sin embargo, algunas personas viven estas experiencias como agradables.

    ¿Qué síntomas físicos se pueden experimentar?

    - Náuseas
    - Boca seca
    - Palpitaciones
    - Nudo en el estómago
    - Dolor de cabeza
    - Fatiga y cansancio
    - Sensación de falta de aire
    - Dolor de espalda
    - Temblores
    - Mareos
    - Dificultad para tragar
    - Oleadas de calor
    - Visión borrosa
    - Hipersensibilidad al ruido
    - Opresión en la garganta
    - Opresión en el pecho
    Este es el llamado "duelo del cuerpo" y siempre es recomendable realizar un chequeo médico.


    ¿Qué ocurre a nivel espiritual?

    Muchas personas confiesan que la muerte de un ser querido les ha hecho tomar conciencia de lo que realmente importa en la vida, de los valores más genuinamente humanos.
    Surgen preguntas sobre el porqué, sobre el sentido de la vida, sobre el sentido del amor, sobre un posible reencuentro, etc. Es habitual también que, ante semejante dolor, cuestionemos nuestras creencias religiosas.
    Sin embargo, como dijimos antes, estos sentimientos son normales y pasajeros e irán disminuyendo a medida que se avance en el trabajo de duelo.

    ¿Qué otras cosas pueden ocurrir?

    - Llorar
    - Aislamiento social
    - Soñar con la persona fallecida
    - Llamarlo en voz alta o buscarlo
    - Fumar o beber, más de lo habitual
    - Falta de concentración, distracciones u olvidos
    - Pensamientos repetitivos; imágenes y recuerdos que nos invaden
    - Evitar recordatorios o, por el contrario, atesorar objetos
    - Hiperactividad o, por el contrario, ninguna actividad
    - Alteraciones del sueño; insomnio o dormir más de lo habitual
    - Alteraciones de la alimentación; falta de apetito o comer en exceso
    - Distanciamiento familiar, discusiones o necesidad de mayor compañía
    - Hablar constantemente de la persona fallecida o, por el contrario, negar su existencia

  • CONSEJOS ÚTILES PARA LOS QUE HAN SUFRIDO UNA PÉRDIDA

    Es aconsejable permitirse estar en duelo. Usted puede verse tentado a evitar el dolor con distracciones, pero el momento de sentir el dolor es ahora.
    Es saludable expresar las emociones que surjan. Si siente dolor expréselo evitando siempre lastimar a los demás. Con el tiempo irá disminuyendo. Y recuerde que el llorar es un aspecto fundamental del duelo. Llorar es tan natural como reír.
    Necesitamos tiempo para reponernos de una pérdida. El duelo no se resuelve de un día para otro, por lo tanto, no es bueno crearnos expectativas mágicas. Debemos estar preparados para las recaídas. Hoy puede estar bien y un suceso inesperado, como el aniversario o las Fiestas le pueden hacer sentir que está como al principio.
    Debemos ser comprensivos con nosotros mismos. Reconocer que en este período somos más susceptibles a los problemas emocionales y físicos. No tema volverse loco, puede vivir sentimientos intensos de tristeza, rabia, culpa, y hasta fantasías de querer morir. Si tiene dudas consulte a un profesional.
    Siempre que sea posible postergue las decisiones importantes. Debido a que es difícil pensar con suficiente claridad, lo más prudente es aplazar las decisiones importantes. Ante el sufrimiento, y con la intención de disminuirlo, puede tomar decisiones que luego considere que no fueron acertadas, por ejemplo: vender la casa, dejar el trabajo, o deshacerse apresuradamente de objetos y recuerdos.
    Es muy importante cuidar la salud. Alimentándose bien, descansando lo suficiente, practicando ejercicio moderadamente, y evitando el tabaco, el alcohol o los tranquilizantes. Si como ayuda en estos momentos tiene que tomar algún medicamento, que sea siempre a criterio de un médico. Tomar medicamentos para "no sentir" puede contribuir a cronificar el duelo. Si padece alguna enfermedad, no abandone los tratamientos con la excusa de que ya todo le da igual.
    Busque y acepte el apoyo de los demás. Durante el duelo es natural necesitar la compañía de otros. Piense que pueden querer ayudarle pero no saber cómo hacerlo; es recomendable que exprese concretamente lo que necesita.
    Procure ser paciente con los demás. Entienda que para ellos la situación también es difícil. La mayoría no está preparada para acompañar en estas circunstancias, por lo que generalmente no sabe qué decir, ni qué hacer.
    Es común sentir que "los amigos se convierten en extraños y los extraños se convierten en amigos" por lo tanto, si considera que lo necesita, asista a un grupo de duelo, le aliviará compartir su experiencia de pérdida con personas en la misma situación.
    Permítase descansar, disfrutar y, si es posible, divertirse. Es recomendable retomar, paulatinamente, aquellas actividades que le resultaban placenteras. No hay motivo para privarse de encontrar pequeños espacios de bienestar.
    No se trata de buscar el placer para evadir el dolor, sino de atenuar el difícil momento.
    Tal vez le ayude pensar anticipadamente cómo afrontar fechas especiales (aniversarios, cumpleaños, etc.) y con quién compartirlas.

  • CÓMO PUEDEN AYUDAR FAMILIARES Y AMIGOS

    Una alegría compartida, es una alegría doble. Una pena compartida, es media pena.
    Por desgracia, la incomodidad de muchos ante la muerte y el desconocimiento sobre el duelo los lleva a evitar a las personas que han sufrido una pérdida. Lo primero que ocurre es no saber qué decir o hacer para aliviar su dolor. Sin embargo, las personas en duelo necesitan ser escuchadas más que escuchar nuestros consuelos. Se tiende a pensar que la pérdida hay que superarla rápidamente y sin ningún tipo de ayuda, aunque realmente no es así.
    Los familiares y amigos pueden ayudar:
    Estando presentes. Tomando la iniciativa de llamarlo o visitarlo en lugar de decir "llamame si precisás algo". Es importante mantenerse en contacto. Las Fiestas y aniversarios son momentos particularmente dolorosos en los que podemos hacer un esfuerzo especial para estar cerca de la persona en duelo.
    Ofreciendo ayuda concreta, ya que las tareas de la vida cotidiana son muy difíciles al comienzo. La ayuda con los trámites y los rituales funerarios suele ser la mejor manera de colaborar en los primeros momentos. Tanto participar del funeral, como ver el cuerpo del fallecido puede llegar a ser muy doloroso pero son las formas de que disponemos para decir Adiós. Sugiérale que asista.
    Evitando decir frases hechas tales como "ya no sufre...", "tenés un angelito". La incomodidad nos mueve a recurrir a ellas, pero este tipo de expresiones no suele ser de mucha ayuda. La idea es poder acompañar; no quitar el dolor, ya que en este momento nadie puede. Un abrazo amable expresará nuestro apoyo cuando las palabras no sean suficientes.
    Dándole tiempo para recuperarse. Algunas personas parecen reponerse de la pérdida rápidamente, otras precisan más tiempo. Es importante acompañar, sin poner expectativas irreales; concediéndole el tiempo suficiente para superar el duelo de una forma adecuada que les evite problemas en el futuro.
    Alentando la expresión de las emociones, ya que luego la persona suele sentirse más aliviada y liberada. Si llora, no tiene que decir ni hacer nada especial, lo que más necesita en ese momento es su presencia, para así expresar su dolor. A veces cortamos las emociones del otro para protegernos de las nuestras. No hay nada de malo en mostrar su pena por lo que le ocurre.
    Permitiendo que hable del ser querido que ha muerto, no tema hablar de la persona fallecida con quien ha sufrido una pérdida por miedo a que se emocione. Recordar a la persona amada es un consuelo y no aporta mayor tristeza como muchos creen. Permítale que hable todo el tiempo y todas las veces que lo necesite. Evocar los recuerdos es parte del camino que tienen que recorrer.
    Respetando la diversidad de reacciones. El duelo es una experiencia universal, pero es vivida de modo extremadamente personal. Unos reaccionan controlados, otros lloran efusivamente, unos necesitan visitar la tumba diariamente, otros no; algunos prefieren mucha compañía y otros, por el contrario, prefieren estar solos. Hay personas que viven un duelo privado y no les gusta exteriorizar sus emociones. Respetemos también su necesidad de no hablar.
    Ayudando a los niños, que tienen necesidad y derecho a la verdad por más dura que esta sea. Siempre hay una explicación adecuada a la capacidad de comprensión del niño. Ellos necesitan Sinceridad, Claridad y Contención.

  • DUELO Y CRECIMIENTO

    Lo importante no es lo que le pasa a un hombre, sino lo que el hombre hace con lo que le pasa.
    Normalmente se temen y se evitan las crisis, sin embargo, son momentos sumamente valiosos, ya que implican realmente una oportunidad de cambio y crecimiento personal.
    Una pérdida, por dolorosa que sea, siempre puede traer aparejada una ganancia, es posible afrontarla y salir de ella fortalecido aun con más recursos que con los que se contaban antes. Esto implica mucho más que sobrevivir o resignarse a sobrellevar su carga.
    Una crisis puede servirle para:
    Detenerse a reflexionar acerca de su vida. Detenerse es muy distinto a permanecer estancado, implica hacer una pausa y escucharse a uno mismo.
    Volver a usted mismo y establecer prioridades, si es que en algún momento se ha desconectado de lo que en realidad es para usted importante.
    Reunir las fuerzas necesarias para introducir cambios difíciles que, en circunstancias normales, quizás no se atrevía a hacer.
    Acercarse nuevamente a personas de las que se había distanciado.

  • RECOMENDACIONES PARA SOBREVIVIR AL DOLOR Y A LA PÉRDIDA

    Date permiso para estar en duelo
    Date permiso para estar mal, necesitado, vulnerable… Puedes pensar que es mejor no sentir el dolor, o evitarlo con distracciones y ocupaciones, pero al final, el dolor saldrá a la superficie. El momento de dolerte es ahora.
    Acepta el hecho de que estarás menos atento e interesado por tus ocupaciones habituales o por tus amistades durante un tiempo, que tu vida va a ser diferente, que tendrás que cambiar algunas costumbres...

    Deja sentir dentro de ti el dolor
    Permanece abierto al dolor de tu corazón. Siente y expresa las emociones que surjan, no las pares. No te hagas el fuerte, no te guardes todo para ti, y con el tiempo, el dolor irá disminuyendo.
    Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia, el miedo... por la muerte de tu ser amado, es parte del camino que tienes que recorrer.

    Date tiempo para sanar
    El duelo por la pérdida de una persona muy importante suele durar entre 1 y 3 años. No te hagas pues expectativas mágicas. Estate preparado para las recaídas. Hoy puedes estar bien y un suceso inesperado, una visita, el aniversario, las Navidades te hacen sentir que estás como al principio, que vas para atrás, y no es así.
    El momento más difícil puede presentarse alrededor de los 6 meses del fallecimiento, cuando los demás comienzan a pensar que ya tienes que haberte recuperado.

    Sé paciente contigo mismo/a
    Aunque las emociones que estas viviendo pueden ser muy intensas y necesitar mucha energía, son pasajeras. Procura vivir el momento presente, por duro que sea. Se amable contigo mismo/a. Recuerda que el peor enemigo en el duelo es no quererse.

    No temas volverte loco/a
    Puedes vivir sentimientos intensos de tristeza, rabia, culpa, confusión o abatimiento, deseos de morir... Son reacciones habituales y normales después de la muerte de un ser querido.

    Aplaza las decisiones importantes
    Decisiones como vender la casa, dejar el trabajo, marcharte a otro lugar…, es preferible dejarlas para más adelante. Seguramente, ahora no puedes pensar con suficiente claridad, y podrías más tarde lamentarlo. No suele ser tampoco conveniente iniciar una nueva relación afectiva (nueva pareja, otro embarazo…) mientras no hayas resuelto adecuadamente la pérdida.

    No descuides tu salud
    Pasados los primeros días puede resultarte muy útil que te hagas un horario (hora de levantarte, comidas, hora de acostarte…) y lo sigas. Aliméntate bien y cuida tu cuerpo. No abuses del tabaco, alcohol, tranquilizantes... Durante el proceso de duelo somos más susceptibles de sufrir enfermedades. Si padeces alguna enfermedad crónica no abandones los cuidados habituales ni los tratamientos con la excusa de que te da igual lo que te pase...

    No te automediques
    Si para ayudarte en estos momentos tienes que tomar algún medicamento, que sea siempre a criterio de un médico y nunca por los consejos de familiares, amigos y vecinos bien intencionados. Recuerda que tomar medicamentos para "no sentir" puede contribuir a cronificar el duelo.

    Busca y acepta el apoyo de los otros
    Sigue conectado con los otros. Necesitas su presencia, su apoyo, su preocupación, su atención... Dale la oportunidad a tus amigos y seres queridos de estar a tu lado. Piensa que pueden querer ayudarte, pero no saben la manera de hacerlo. Pueden temer ser entrometidos o hacerte daño si te recuerdan tu pérdida. No te quedes esperando su ayuda y pídeles lo que necesitas.

    Procura ser paciente con los demás
    Ignora los intentos de algunas personas de decirte cómo debes sentirte y por cuanto tiempo. Sentirás que algunas personas no comprenden lo que estás viviendo. Intentarán hacer que te olvides de tu dolor, comprende que lo hacen para no verte triste. Piensa que quieren ayudarte, pero que no saben como hacerlo. Busca personas de confianza que te permitan "estar mal" y desahogarte sin miedo cuando lo necesites.

    Date permiso para descansar, disfrutar y divertirte
    Date permiso para sentirte bien, reír con los amigos, hacer bromas... Tienes perfecto derecho y además puede ser de gran ayuda que busques, sin forzar tu propio ritmo, momentos para disfrutar. Recuerda que tu ser querido querría solo lo mejor para tí y que los "malos momentos", vendrán por sí solos.

    Confía en tus propios recursos para salir adelante
    Recuerda como pudiste resolver otras situaciones difíciles de tu vida. Repítete a menudo: "algún día encontraré mi serenidad".